Una hoja cae lentamente del árbol, pero su camino no termina en el suelo, de golpe un viento pasa y la levanta haciéndola girar y golpearse contra muros, autos y personas.
La hoja cree alcanzar una rama, cree tener el poder de quedarse, caída y golpeada, donde se le antoje, pero no es así. Pasan las horas y termina en el prado del parque, y sobre ella empieza a caer un montón de fétido estiercol de un perro que esperó por 10 horas visitar ese parque. Pasan los días y el suelo se convierte en su casa mientras su cuerpo se desintegra con sol y agua. Meses después, la hoja es parte de una nueva planta, aunque nota que ya no es hoja ahora es ramas, tronco y raíces.