domingo, 9 de junio de 2019

Descubrimiento

La luz del mundo entra por la ventana que ayer dejara abierta; entra y me golpea con fuerza. Entra y descubre mi temporal ceguera. Ahora, a pesar de la brillantez del día, veo con mayor claridad.

Mientras dormía y soñaba, el mundo ahí afuera jugaba con mis palabras del pasado y mis ideas para el futuro. Algo de mí quedó colgado de la cuerda junto al viejo zapato de cordón anudado. Incluso, pude ver algo  que también es tuyo, junto al estiércol fresco del perro vecino.

Fugacidad

Los infinitos granos de arena,  masajeando las plantas de sus pies, le recuerdan que la vida es incontrolablemente fugaz y que tras su fugacidad hay una inexplicable sensación de renacimiento.

¿Alas o pies?

Se lanzó desde el risco,
se lanzó pensando en cómo le nacerían las alas que el cuento mencionaba.

Soñó, durante más de cien noches, con su lanzamiento,
con el encuentro entre su cuerpo y el viento,
con el descubrirse siendo otro,
con la sensación de volar,
de planear sobre las copas de los árboles y,
ver desde ahí,
el ritmo de la vida.

La estufa

Ella,
encendió la estufa,
puso una olla y...
esperó a que sus pensamientos
se disolvieran en el agua.

Tarde

Dejé caer sobre mí,  el peso de la tarde
el peso de lo no dicho,
el peso de la certeza de lo que no es.

Moví el tiempo hacia atrás,
le obligué a moverse,
para saltar de nuevo
correr sobre el prado y cantar en el baño.

¿Cuántas veces habrá que hacerlo para empezar en serio?

¿Cómo dar inicio?

¿Cómo debe ser este inicio? ¿Hay acaso una clave o un conjuro para iniciar?

El viento vuela llevándose mis tristes recuerdos, levantando trozo a trozo la piel olvidada y dura que se oculta bajo una sonrisa de niña.
Sufro un poco y trato de cerrar los ojos para seguir navegando por aquel mundo de ensueño en el que otra piel revela un nuevo mundo.