A ese proyecto de bosque no le llegaron si siquiera a crecerle hojas. Los raquíticos tallos poca gracia tenían y se mantenían en pie porque eran atados con lazos de mil colores que la niña anudaba con fuerza y decoraba con dedicación.
Después de tanta vida ofrecida a la labor, la niña es consciente que para que el follaje aparezca y den frutos los árboles, esa tierra tendrá que ser fertilizada, por lo que tendrá que arrancarlo todo, picarlo en pedacitos y con las migajas resultantes, encender una hoguera. Luego, dejar reposar, bailar un poco, oxigenar el terreno e intentarlo todo nuevamente, sin los lazos de colores ni las decoraciones.