El vaho se desvanece,
la tiniebla se disipa.
Se hilan pensamientos y futuro.
Por unos segundos todo queda flotando en esa nube de vapores y humores,
es placentero.
Segundos, vaho, olores
las gotas caen.
El espejo se aclara,
los ojos dejan de ver, la piel deja de sentir.
Ahora,
el cepillo, la crema, el aceite.
La puerta se abre.
Horas, dardos, ruido
el aire pesa.