La luz del mundo entra por la ventana que ayer dejara abierta; entra y me golpea con fuerza. Entra y descubre mi temporal ceguera. Ahora, a pesar de la brillantez del día, veo con mayor claridad.
Mientras dormía y soñaba, el mundo ahí afuera jugaba con mis palabras del pasado y mis ideas para el futuro. Algo de mí quedó colgado de la cuerda junto al viejo zapato de cordón anudado. Incluso, pude ver algo que también es tuyo, junto al estiércol fresco del perro vecino.
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