Lo innombrable es
diáfano y escurridizo.
Lo innombrable es
como la niebla del amanecer,
que aparenta hacerle bien
a todo ser vivo en su camino.
Lo innombrable está ahí,
disfrazado de nobleza,
mientras oculta la brillantez de la realidad.
Lo innombrable coloniza,
ata, desaparece y deja tras de sí
una estela de desilusión.
¿Y cómo detenerlo? si ni siquiera es posible nombrarlo.
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