Con agua que sirve para calmar la sed,
bajan los blancos y duros placebos
amargos y poco estéticos,
y por sobre todas las cosas,
indeseables e inútiles,
cada 12, cada 8, cada 6.
Transcurre el día entre olvidos y falsas alarmas.
Los sueños ahora son, solo relatos,
leyendas de un hado,
ecos distorsionados que vienen de la montaña.
Este sendero por el que transito,
ha sido delineado por las rocas que se desprenden de la cima.
Tropiezo, pero no caigo.
Entre montaña y árbol,
hay horas de distancia, de vacío y silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario